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Sobre la esfinge

El conocimiento de los simbolos permite adquirir el  conocimiento de la videncia . Uno de ellos es la Esfinge..Así en el Diccionario de Simbolos de Chevalier nos cuenta. " Es el guardián de los umbrales prohibidos y de las momias reales; escucha el canto de los planetas; veía al borde de las eternidades, sobre todo lo que fue y sobre todo lo que será; mira como se escurren a lo lejos los Nilos celestes y el bogar de las bar­cas solares» (CHAM, 10). En realidad estos leones divinos llevarían cabezas de faraones y representarían, según Jean Yoyott, «un poderío soberano, despiadado con los rebel­des y protector de los buenos. Por su rostro barbudo, es rey o dios solar, y posee los mis­mos atributos que el león. Por ser felino, es irresistible en el combate» (posd, 272). Más que una angustia, inventada por el liris­mo romántico, los rasgos y la posición sóli­damente asentada de la esfinge expresarían la serenidad de una certidumbre. Georges Buraud ha señalado en Les Masques: «Nin­guna inquietud, ningún espanto en estos ras­gos, como en los de las máscaras griegas. Ellos no plantean un enigma cuya grandeza fatal los trastorna, sino que llegan interior­mente a una verdad absoluta cuya plenitud los colma.»

En Grecia existían leonas aladas con cabeza de mujer, enigmáticas y crueles, es­pecie de monstruos temibles, en los cuales se podría ver el símbolo de la feminidad per­vertida.

En las leyendas griegas una esfinge asola­ba la región de Tebas; un monstruo mitad león mitad mujer que «planteaba enigmas a los caminantes y devoraba a quienes no po­dían responder a ellos» (GRID, 324). Simbo­lizaría «la intemperancia y la dominación perversa y, cual el azote que devasta un país… las secuelas destructoras del reinado de un rey perverso… Todos los atributos de la esfinge son los índices de la vulgarización: ella no puede ser vencida más que por el in­telecto, por la sagacidad, contraforma del embrutecimiento vulgar. Está sentada sobre la roca, símbolo de la tierra: adherida a ella, como pegada, es símbolo de la ausencia de elevación» (dies, 152,155). Puede tener alas, pero éstas no la aguantan; está destinada a sumirse en el abismo. En lugar de expresar una certidumbre, por lo demás misteriosa, como las esfinges de Egipto, la esfinge griega no designaría, según Paul Diel, más que la vanidad tiránica y destructiva."